Olfato.
El olfato era su sentido favorito. No era ni mucho menos el que más desarrollado tenía. Simplemente… era el que más le gustaba.
A veces incluso, cuando estaba sola en alguna habitación, olía todas las colonias, perfumes, jabones y cremas que tenía a su alcance. En algunos de esos momentos se sentía ridícula, a pesar del placer que le producía, y pensaba que qué pensaría la gente si la viera. Como si tuviera una cámara enfocándola. Y entonces recordaba una cita de aquel libro que había leído y del que no recordaba mucho. Que decía algo así como que una persona no se ponía igual de histérica en una situación si estaba sola en la habitación. Si no había público. Como si esa persona hubiera tenido una caída cómica y en caso de que no hubiera nadie, se habría sentido ridícula por reirse. O simplemente, no habría llegado a reir.
Y eso le llevaba a pensar en campos más amplios. Casos que llevaban a las personas perder la identidad y la intimidad. Desde su absoluta decisión.
Y sin embargo… seguía oliendo y se le olvidaba de todo eso. Volvía a ser libre en su mundo.